La Hermandad de Jesús Preso y María Santísima de la Esperanza nos regaló una estación de penitencia brillante, intensa y de gran belleza, donde fe, historia y tradición caminaron de la mano.

La Plaza de la Rosa se transformó, como cada año, en el Huerto de los Olivos. Lejos del silencio, el espacio se llenó de vida, un constante trasiego de personas, miradas expectantes y una multitud que aguardaba el prendimiento de Jesús.

Allí, las imágenes titulares —Jesús en la Oración en el Huerto, Jesús Preso, el Cristo Amarrado a la Columna y María Santísima de la Esperanza— ofrecieron una catequesis viva que, en medio de ese ambiente vibrante, mantenía sobrecogidos a los presentes. El murmullo constante se entremezclaba con el eco de cornetas y tambores, mientras los lanceros irrumpían en la escena y el Cuerpo de Romanos tomaba protagonismo en el dramático instante de ‘El Prendimiento’.

Antes de que todo sucediera, Judas hizo su aparición. Al divisar a Jesús, no dudó: salió apresurado para avisar a los romanos. Instantes después, la escena cobró toda su fuerza.

«Un beso de Judas hizo preso a Jesús por treinta monedas de plata…». Jesús, en su humanidad, sintió el peso del miedo y la soledad; alzó su mirada al cielo en busca de consuelo y, tras un instante eterno, aceptó con serenidad la voluntad del Padre. La multitud, entregada, seguía cada movimiento con atención en un ambiente lleno de emoción y expectación.

Antes de que todo sucediera, Judas hizo su aparición. Al divisar a Jesús, no dudó: salió apresurado para avisar a los romanos. Instantes después, la escena cobró toda su fuerza.

«Un beso de Judas hizo preso a Jesús por treinta monedas de plata…». Jesús, en su humanidad, sintió el peso del miedo y la soledad; alzó su mirada al cielo en busca de consuelo y, tras un instante eterno, aceptó con serenidad la voluntad del Padre. La multitud, entregada, seguía cada movimiento con atención en un ambiente lleno de emoción y expectación.

A su lado, María Santísima de la Esperanza, con lágrimas que surcaban su rostro y el corazón atravesado por el dolor, se mantenía firme. En su mirada, más allá del sufrimiento, brillaba una fe inquebrantable, la certeza de que la muerte no tendría la última palabra.

Este 2026 ha sido también reflejo del esfuerzo constante de la hermandad por engrandecer su legado. La restauración de la cruz de guía, el dorado del cáliz del ángel de la Oración en el Huerto y la incorporación de nuevos enseres han enriquecido aún más un patrimonio de enorme valor histórico y devocional, mientras comienza a tomar forma una celebración muy especial: el 75 aniversario de la imagen de Jesús Preso.

Información e imágenes: www.carminaleivanuestravoz.com

Portada: Paco Jiménez Rodríguez