La madrugada de Montilla volvió a escribirse con letras de emoción, recogimiento y una profunda carga simbólica en torno a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia y María Santísima de la Amargura. En un año especialmente significativo, marcado por el 40 aniversario de la llegada de la Virgen a la hermandad, la hermandad vivió una estación de penitencia- viacrucis llena de devoción.

A las doce de la noche, hora marcada desde el antiguo campanario, se abrían las puertas de la Parroquia de San Sebastián, desde donde el Santísimo Cristo de la Misericordia fue llevado en brazos de sus costaleros hasta el Llanete de la Cruz, convertido en un auténtico Calvario. Allí aguardaba numerosos devotos y curiosos expectantes, consciente de que estaba a punto de presenciar uno de los momentos sobrecogedores de la Semana Santa montillana.

Desde el pasado año, la hermandad utiliza un nuevo sistema de poleas instalado en la fachada de la casa de hermandad para izar la cruz del señor de la misericordia con gran solemnidad. Un grupo de hermanos, coordinados con precisión, manejaron las cuerdas que elevaron al Cristo, mientras la escena adquiría una gran fuerza .

Jesús, expirando en la Cruz, alzaba su mirada al Padre. A sus pies, María Santísima de la Amargura contemplaba la escena con un dolor contenido, desgarrador y sereno al mismo tiempo. El instante, cargado de simbolismo, conmovió a los presentes, que guardaban un respetuoso silencio ante la rememoración de este momento de la Pasión.

Seguidamente, la Hermandad realizó su estación de penitencia viacrucis, recorriendo las calles en un ambiente de oración y recogimiento. Cada estación fue acompañada por el rezo compartido, convirtiendo la madrugada en una auténtica catequesis.

La Hermandad de Misericordia y Amargura volvió a demostrar que su estación de penitencia no es solo tradición, sino una vivencia profunda de fe compartida en torno al misterio de la Cruz.

La Madrugá se apagó, pero su mensaje permanece latiendo en Montilla hasta el próximo año.