
La noche ya lo anunciaba, todas las miradas convergían en un mismo punto: el Santuario de María Auxiliadora. Allí, aguardaba el Santísimo Cristo del Amor, sereno en su paso, dispuesto a convertir el silencio en plegaria y la oscuridad en luz compartida.
Minutos antes, el Pabellón del Colegio Salesiano había acogido la eucaristía preparatoria, un momento de recogimiento que marcaba el inicio de una experiencia íntima y colectiva. Costaleros, devotos y hermanos compartían la misma emoción, una devoción que pasa de generación en generación.
Este año la hermandad salesiana, con más de ochenta años de historia, ha escrito una nueva página de la historia con el nombramiento de su primera hermana mayor.
A las once en punto, las campanas de la Torre de Santiago rompieron la espera, en la Cuesta del Silencio el telón negro se descorría lentamente y tras de él, cientos de túnicas negras con cruces blancas treboladas, faroles rojos encendidos y el sonido grave de los tambores marcando el paso

La primera estación, a las puertas del Colegio Salesiano, ofreció la imagen más esperada del Cristo del Amor entre sus devotos, mientras la calle costal se iluminaba con las luces rojas de los penitentes. Comenzó así la conocida “Procesión del Silencio”, un recorrido lleno de momentos de recogimiento y emoción.


El Oratorio del Colegio de San Luis acogió la segunda estación y dejó bellas imágenes en un recogimiento profundo.





Seguidamente el Cristo del Amor subió por Enfermería hacia San Francisco Solano, Fuente Álamo, Ortega, para entrar en Puerta de Aguilar y regresar por la Corredera hacia el santuario de María Auxiliadora.
Una noche que no se cuenta: se siente, donde el silencio se convirtió en oración y el Amor caminó entre su pueblo.

Imágenes: NuestraVoz y Mamen Sánchez
