Desde la Basílica de San Juan de Ávila, Rafael Delgado Portero abrió las puertas de la Semana Santa de Montilla en una mañana para el recuerdo, en la que la palabra se hizo emoción y la memoria, fe compartida. Con un pregón profundamente personal, tejido de vivencias y convicciones, logró conectar desde la cercanía y sostener, sin papeles, un discurso que fluyó con naturalidad y hondura, atrapando al público de principio a fin.

El acto comenzó con un concierto de marchas procesionales a cargo del quinteto de viento madera y metal “La Clave”, que creó el ambiente propicio para una cita cargada de solemnidad.

Seguidamente, José Manuel Delgado presentó a su hermano y pregonero, destacando una trayectoria marcada por el compromiso cultural, cristiano y cofrade. Recordó la infancia compartida, la vinculación con las tres hermandades salesianas y la implicación en la Hermandad de la Juventud, “siempre con el Señor de la Juventud presente”.

Entre sus cualidades subrayó la capacidad comunicativa —no en vano es experto en comunicación interpersonal—, así como la entrega a los demás y el profundo amor por Montilla, señalando que el pregón está marcado por la verdad, la musicalidad y la emoción propias de quien siente la ciudad de verdad.

Tras la emotiva presentación y desde el ambón, el pregonero dejó claro el tono: cercanía, emoción y verdad para un pregón que se sintió y se reflexionó en cada pasaje.

Recordó su infancia, situando al oyente en un Domingo de Ramos de 1979 que marcaría su vida: “No fue un día cualquiera… fue un día único”. Aquel niño de seis años, cansado pero feliz tras acompañar por primera vez a Jesús de Nazaret, simboliza el inicio de un camino de fe que, como él mismo expresó, acabaría invirtiéndose: “Desde entonces fue Jesús de Nazaret el que ya le acompañaría todos los días de su vida”.

El discurso se articuló sobre tres pilares fundamentales —lo estético, la tradición y la fe—, señalando que solo su equilibrio permite comprender plenamente la Semana Santa: “Cuando consigues el equilibrio entre esos tres ingredientes, la fórmula es sencillamente maestra.”

El pregonero dedicó palabras constantes a las hermandades, a las que reconoció como “columna vertebral de la Semana Santa”, agradeciendo su trabajo silencioso y su compromiso diario, especialmente en tiempos difíciles, destacando que son ellas las que sostienen la esencia de lo que se vive en la calle.

Pero también lanzó un mensaje claro y directo: la verdadera misión no está solo en lo externo. Recordó que lo importante no son únicamente los pasos o el patrimonio, sino el testimonio: Especialmente significativo fue su recuerdo a la labor durante la pandemia:“El amor salió a la calle… recogimos alimentos, llevamos medicinas… porque ese es nuestro mensaje: el amor al prójimo.”

Representantes de Hermandades y Cofradías
Pregoneros y pregoneras

Su pregón se articuló en torno a tres grandes conceptos —Amor, Perdón y Humildad— que definió como las “tres verdades de la pasión”.

Del Amor destacó el de una madre: “Es el amor de una madre por su hijo… puro, transparente, incondicional… da igual donde estés, siempre está contigo.” Y lo vinculó a las advocaciones marianas: “Da igual que ese amor venga de la Estrella, da igual que sea un amor de Caridad, da igual que sea un amor de Socorro; es el mismo amor. Da igual que ese amor se vista de verde para darnos Esperanza o que por la noche se tiña de Amargura; es el mismo amor. El mismo amor de los Dolores, el mismo amor de la Encarnación, el mismo amor de las Angustias, el mismo amor que vivimos en la más íntima Soledad.”

El momento del Perdón fue uno de los más directos aterrizando en la realidad de las hermandades y de las relaciones personales: “He visto romperse amistades por no saber perdonar”, por ello lanzó una invitación : “Sería bonito que todos intentáramos, al menos una vez, pedir perdón y perdonar”. La humildad, la describió como una cualidad que se respira en las imágenes y hermandades, capaz de transformar a quien la contempla.

Un momento del Pregón: Perdón

En su recorrido se detuvo en La Pasión y tuvo palabras de admiración y homenaje a su padre, Rafael Delgado Luque Romero “él fue el auténtico ideólogo, el auténtico impulsor y el auténtico corazón de La Pasión”. La definió como “una experiencia transformadora”: “Cuando sales a escena no interpretas, la sientes… sientes que estás en Jerusalén”.

Un momento del Pregón: La Pasión

En uno de los pasajes más íntimos, evocó el nacimiento y crecimiento de la Hermandad Salesiana de la Juventud “Cuando ves nacer una hermandad de cero… es indescriptible”. Esa conexión se intensifica con la imagen titular: “Es imposible no conectar con ella”, afirma, recordando incluso su proceso de creación. Pero el momento más revelador llega cuando la fe se entrelaza con su propia historia personal con su compañera de vida: El Cristo de la Juventud en un momento me dijo “Coge esa mano con fuerza, no la sueltes… esa mano te va a acompañar toda la vida”.

Un momento del pregón: Juventud

En el tramo final, Delgado Portero elevó el tono para reivindicar la importancia del Domingo de Resurrección, el verdadero sentido de todo lo vivido: “La Resurrección es la que acaba de encajarlo todo”. Con una imagen simbólica, midió la Semana Santa no en días, sino en distancia: “Del Domingo de Ramos al Domingo de Resurrección hay 140 metros”, los que separan la iglesia de María Auxiliadora y la Parroquia de Santiago, pero que concentran toda una experiencia espiritual.

Un momento del Pregón: Resurrección

El cierre fue una auténtica proclamación, con la que declaró abierta la Semana Santa de Montilla: “La Semana Santa no se cuenta, no se explica… se siente”, y nos invitó a vivirla intensamente, desde la fe, la tradición y, sobre todo, desde el corazón.

Con el público en pie y tras un prolongado aplauso, el presidente de la Agrupación de Cofradías, José Antonio Trapero, felicitó al pregonero y le impuso la insignia de oro de la institución.

Con este pregón, Rafael Delgado Portero no solo anunció la llegada de la Semana Santa, sino que logró algo más difícil: emocionar, hacer recordar y, sobre todo, hacer sentir. 

Audio completo del pregón pronunciado por Rafael Delgado Portero: