El exaltador emocionó con un pregón íntimo dedicado a la fe heredada de sus padres, Manuel Bellido y Carmeli Mora.

La devoción heredada, la memoria de unos padres profundamente salesianos y el amor incondicional a María Auxiliadora marcaron la Exaltación pronunciada por Miguel Bellido Mora, un canto íntimo y sentido que desbordó emoción, fe y gratitud.

Con un tono muy personal, el pregonero convirtió su intervención en un homenaje a sus padres, Carmeli Mora y Manuel Bellido, a quienes señaló como “verdaderos exaltadores diarios de la devoción a la Auxiliadora” y auténticos artífices de llevar el amor de María Auxiliadora al barrio del Gran Capitán.

Desde los primeros compases de su intervención, el exaltador dejó claro que no haría solo un pregón, sino una confesión de vida marcada por la presencia constante de la Virgen. “Todo lo que salga de esta humilde boca estará dedicado a mi madre y a mi padre”, expresó visiblemente emocionado, antes de recordar que el amor inculcado por ambos hacia María Auxiliadora sigue plenamente vivo en su hogar y en su corazón.

La exaltación estuvo acompañada por las voces de las sopranos Cristina Guzmán y Carmen Portero, junto a la música del trío Dies Irae, que fueron intercalando bellas canciones y melodías dedicadas a María Auxiliadora desde Salve Madre, en la tierra de tus amores, Rendidos a tus plantas, Aleluya o La Misión, cerrando el acto con la emotiva interpretación de Si tienes Fe, de El Príncipe de Egipto.

A lo largo de su intervención, Miguel Bellido fue hilvanando recuerdos familiares, vivencias personales y profundas reflexiones. “Son tantos momentos, tantos días, años… toda una vida de amor a Ella”, confesó, conteniendo la emoción al recordar a sus padres fallecidos: “Ellos están tan presentes… necesito hablar con ellos cada día”.

Uno de los momentos más intensos llegó al definir la presencia de María Auxiliadora en su familia: “Dejaste de ser una imagen, a ser la sal de casa”. Una frase que resumió el espíritu de toda la exaltación, en la que la Virgen apareció como centro vital y cotidiano de su hogar.

Miguel también evocó su infancia salesiana y su paso por el colegio, al que describió como un espacio donde “Ella lo ha hecho todo”. Con imágenes cercanas y llenas de ternura, afirmó que “mi cole es como una ensalada” a la que se le añaden clases, música, deporte o amistad, “y en el centro de ella… la sal de la vida”.

Especialmente emotivo fue el momento en el que el exaltador se dirigió a sus nietas, a quienes quiso transmitir el mismo amor a María Auxiliadora heredado de sus padres. “Mirad estos claveles que hoy os doy, son lágrimas de amor para María. Ella es la puerta del cielo. Aprended a quererla”, expresó en uno de los pasajes más tiernos y simbólicos de toda la intervención.

La exaltación también tuvo espacio para la catequesis y la reflexión espiritual. Bellido reivindicó la importancia del Rosario, apoyándose en las enseñanzas de San Juan Pablo II: “El Santo Rosario debe ser la llave que abre el corazón de Ella”. Igualmente, insistió en el compromiso cristiano y salesiano heredado de Don Bosco, destacando que la medalla de María Auxiliadora “no es una moneda, sino una luz que nos protege y nos recuerda quiénes somos”.

Explicó también cómo llegó la imagen de María Auxiliadora a la Parroquia de la Asunción, una iniciativa impulsada por su madre tras su jubilación. “Mi madre quiso dejar un regalo a la parroquia: una imagen de María Auxiliadora y, a sus pies, una pila bautismal de la que carecía el templo”, recordó. Desde 1997, la parroquia cuenta con la capilla del baptisterio presidida por la imagen de María Auxiliadora, como testimonio del agradecimiento de sus padres por toda una vida de fe y servicio.

Emocionado recordó la muerte de su madre, evocó una imagen profundamente conmovedora: “Ella estaba con nosotros, aunque no la vieran. ¡Qué suerte la tuya, mamá!, que hasta en este triste momento ella te extendió sus manos para llevarte al cielo”.

Asimismo dirigió unas palabras cargadas de amor y gratitud hacia sus padres. “Gracias mamá, gracias papá, desde el fondo de mi corazón, infinitas gracias”, pronunció emocionado, antes de culminar su intervención con una oración íntima dirigida a María Auxiliadora: “Yo siempre seré, mientras tú me dejes y lo quieras, tus hombros, tus pies”.

La última cancion que acompañó la exaltación fue Si tienes Fe, de El Príncipe de Egipto.

El acto, celebrado en el Santuario de María Auxiliadora y organizado por la Asociación de María Auxiliadora (ADMA) como apertura de los actos y cultos del mes de mayo, concluyó con las palabras de su presidenta, Auxiliadora Ordóñez, quien destacó que “hoy no solo hemos escuchado a un exaltador, hemos escuchado a un hijo hablar de su madre”, subrayando además que la devoción de Miguel Bellido “no es algo aprendido, sino heredado”.

Por su parte, el consiliario salesiano Juan Francisco Huertas definió la exaltación como “un precioso mosaico de vida”, resaltando la profundidad de una devoción “arraigada, familiar y compartida”, y animó a seguir transmitiendo el amor a María Auxiliadora a las futuras generaciones.

Audio completo de la Exaltación de Miguel Bellido

Una exaltación sincera y repleta de espiritualidad que emocionó al público asistente y dejó patente que, para Miguel Bellido Mora, María Auxiliadora no es únicamente devoción: es familia, memoria y vida.