
El maestro Paco Llopis aborda en esta nueva columna uno de los grandes retos del sistema educativo: cómo lograr que el alumnado que muestra desinterés o rechazo hacia el aprendizaje cambie su actitud. Tras señalar en su anterior reflexión, que puedes escuchar aquí, la importancia de que el alumnado se sienta querido, en esta ocasión pone el foco en la persuasión, la motivación y el papel clave del profesorado.
Llopis defiende que generar interés, demostrar la utilidad de los contenidos y reforzar la idea de que el esfuerzo merece la pena son elementos esenciales para transformar la actitud en el aula. Asimismo, subraya la necesidad de que el docente se conozca a sí mismo, gestione sus emociones y construya relaciones basadas en la confianza y el respeto.
La columna también incide en la importancia de evitar la confrontación, apostar por la empatía y desarrollar estrategias como la negociación o la motivación para mejorar la convivencia y el rendimiento escolar.
Texto de La Opinión:
Educar al que no quiere… (2). El profesorado como agente dinamizador del proceso educativo.
En la columna anterior reflexionamos sobre uno de los mayores retos del sistema educativo actual: el alumnado que no quiere, que se resiste, que rompe el ritmo del aula… y ya dijimos que “para educar hay primero que querer, que se sientan queridos” y que “aquello que emociona es lo que realmente se aprende”.
Sin lugar a dudas y teniendo en cuenta esta realidad hace falta un cambio de actitud y para ello es necesario la persuasión. La actitud es aprendida y un maestro puede cambiar la actitud de un alumno teniendo en cuenta otros tres elementos, sin los cuales no es posible el cambio de actitud: provocar el interés del alumno, si somos capaces de que vea la utilidad de lo que se le
enseña y que su esfuerzo es rentable, y si se consigue obligarle a ello. De este modo, sin un alumno ve que la actividad escolar es interesante y útil, no le hará falta obligarle. Por tanto, la persuasión es fundamental.
Otro aspecto a trabajar de forma previa es el sentido de autodefensa de sus propias actitudes como las mejores, ya que eso le da autoestima ante él y ante el grupo. En consecuencia, es necesario ganarse la confianza mediante la aceptación y la comprensión, no juzgarlos e interesarse por sus aficiones personales de forma continuada. A partir de aquí comenzamos a avanzar en la aceptación y por tanto en poder comenzar a modificar actitudes.
Si quien ejerce la modificación de estas actitudes es el profesorado, en su gran parte, es necesario tener muy claro cómo soy, cómo enseño, cómo trabajo, lo que se, lo que pienso, cómo progreso y cómo me relaciono. Todos estos factores son determinantes para gestionar una clase y obtener el mayor rendimiento. Aquí es donde aparece el modelo de maestro: por un lado, los que se abstienen de comprometerse, los que se implican tanto que terminan quemándose, y los que mantienen una entrega e implicación en el que se aporta el máximo, pero sin quebrantar la salud emocional, lo que implica, medir los esfuerzos, revisar el nivel de ansiedad y relativizar mucha de las cosas, secuenciando las mismas en urgentes, necesarias, importantes y fuera de lugar.
Tener confianza en uno mismo es fundamental ya que a veces nos puede la duda. Se irán a enfadar, haré el ridículo, por qué esto me pasa a mí…. relativizar los problemas, compartir los problemas, dotarse de habilidades y estrategias: la negociación, la motivación, el control, la persuasión… evitar actitudes evasivas echando la culpa a otros, al equipo directivo, a la administración a la sociedad, las familias…mantenerse en calma como base del funcionamiento, recordar que tengo derecho a dar clase y no de cualquier forma, haciendo silencios propios para provocar el silencio del alumnado. No gritar, no reprochar en público y menos a los disruptivos…dominar los contenidos…hacer partícipes sin ridiculizar…ser justo en las sanciones…ser empáticos y bromear… distinguir momentos de trabajo y de relajación.
En definitiva, para que un alumnado que quiere y otros que no quieren, avancen, hace falta crear una disposición favorable hacia el estudio. Esta es la primera premisa para hacer que los que no quieren, puedan y al final quieran, al menos mejorar sus condiciones socioafectivas, tan
necesarias para avanzar con éxito.
Hemos reflexionado sobre la actitud del profesorado hacia estos alumnos. El próximo día lo haremos sobre las familias, pilar fundamental para poder construir este puzle que haga que el alumnado tenga una actitud favorable hacia la escuela, que le permita al menos cambiar de actitud, base para una posterior enseñanza. La primera escuela es la casa, la familia.
A ser maestro se aprende. Ser maestro no es un juego, aunque se aprenda jugando.
Ser maestro es un arte.
Paco LLopis. Maestro.
