
El periodismo, la docencia y la cultura están hoy de luto. José María Luque Moreno nos ha dejado a los 78 años tras luchar durante mucho tiempo contra una enfermedad que supo afrontar con serenidad y una admirable fortaleza, y que no logró frenar su inquietud, sus proyectos ni su constante impulso a la cultura montillana.
Montillano ilustre, aunque —como el buen vino de nuestra tierra— universal, amó a Montilla con verdadera pasión, con esa locura con la que solo se ama lo que forma parte de uno mismo.
Con dolor, pero también con el enorme orgullo de haber compartido con él tantos años de trabajo y amistad, escribo hoy estas líneas. No pretenden ser una biografía, sino una pequeña ventana abierta desde el corazón para recordar a un hombre excepcional, de profunda humanidad, brillante inteligencia y una curiosidad permanente por todo lo que tenía que ver con su tierra.
Apasionado por nuestra historia, nuestras tradiciones y por la cultura de la vid y el vino, José Mari fue un periodista inquieto, observador y sagaz; pero, por encima de todo, fue un maestro de vocación.
Hablar de amistad cuando se trata de José Mari es hablar de un sentimiento auténtico, sin artificios. Un vínculo sincero que resistió la prueba del tiempo sin perder su esencia.
He tenido el privilegio de que haya sido no solo mi compañero en las labores informativas, sino también mi maestro de profesión y de montillanía.
Su gran pilar fue siempre su familia. José Mari tuvo a su lado a la mejor compañera de vida: Mercedes Jurado, una mujer de gran fortaleza con la que compartió toda una vida de trabajo y cariño. Formaron una familia unida con sus hijos Merche, José María y Elena, a quienes transmitió sus valores, y siempre han sentido una profunda admiración por su padre. Con el paso de los años llegaron también sus tres nietos y su nieta, a quienes adoraba y con los que disfrutaba profundamente.
Ese mismo compromiso con la vida, con las personas y con su tierra fue el que marcó también su trayectoria profesional y cultural.
Maestro en el colegio Salesiano durante tres décadas, dejó importante huella en la formación de numerosas generaciones de montillanos que lo reconocen y aprecian como uno de sus más destacados maestros. Tras su jubilación prematura a causa de su enfermedad, José Mari siguió, de algún modo, ligado a su vocación docente y, colaboró activamente con el Centro de Educación Especial «El Molinillo».
También destacó como escritor y periodista. Entre 1987 a 2013 asumió la corresponsalía de Diario Córdoba, una labor que lo mantuvo siempre ligado a la actualidad y que le convirtió en un auténtico embajador de Montilla y de los vinos de la DOP Montilla-Moriles.
Autor de varios libros dedicados al patrimonio local: Tabernas, ventas y ventorrillos de los pueblos de Córdoba (1999), junto a Juan Portero; Guiomar, el rescate de la diosa (2014), junto a María Dolores Ramírez, y en solitario publicó Montilla, un itinerario sentimental (2003) y Confidencias con vino mismo y otros excesos (2011).
Impulsó publicaciones como “La Crónica de Montilla”, la revista “Nuestro Ambiente” o “La Voz de los Romanos”. Fue miembro activo —en muchos casos fundador— de numerosas asociaciones culturales, entre ellas la Centuria Romana Munda, la Cofradía de la Viña y el Vino, La Avenencia o el grupo de teatro La Cepa.
Su contribución a la cultura y a la sociedad montillana fue ampliamente reconocida. Pregonó la Semana Santa en 1998 y la Romería Virgen de las Viñas en 2014. Recibió el premio al Mérito Educativo, el reconocimiento como Corresponsal del Año del Diario Córdoba (1999), el premio Agricultor del Año (2007), Tinaja del Año de los Lagares de la Sierra o el X Premio Bodeguero Juan Rodríguez, de La Avenencia. En la Fiesta de la Vendimia fue investido Capataz de Campo.
En 2024 la Cofradía de la Viña y el Vino le rindió un emotivo homenaje con el nombramiento como “Magno Cofrade Canoa con Grado de Solera”. Meses después, en marzo de 2025, la Mancomunidad de Municipios Campiña Sur le rindió un emotivo homenaje por su trayectoria, y el Ayuntamiento de Montilla ultima los trámites, por iniciativa popular, de su nombramiento como Hijo Predilecto de la ciudad.
Hoy despedimos a Jose María Luque con tristeza, pero también con gratitud, porque su legado seguirá vivo entre nosotros.
Descansa en paz y hasta siempre, querido compañero.
