La histórica imagen recorrió las calles próximas a Santa Clara en una noche en la que tradición, patrimonio y devoción volvieron a caminar juntos

Montilla volvió a encontrarse este sábado con una de sus devociones más antiguas. Después de su novena, Nuestro Padre de Familias salió de nuevo al encuentro de sus devotos, convirtiendo el entorno de Santa Clara en escenario de una de las estampas más singulares del calendario religioso montillano.

La jornada comenzó en el interior del templo, donde numerosos fieles llenaron la iglesia para participar en la misa previa a la procesión. Terminada la celebración, todas las miradas se dirigieron hacia el pequeño Crucificado, dispuesto sobre su paso para iniciar el recorrido por las calles de la ciudad.

La imagen, vinculada desde hace casi cuatro siglos a la historia del Monasterio de Santa Clara, se presentó sobre su paso barroco, tallado y dorado, acompañado a sus pies por las pequeñas imágenes de la Virgen Dolorosa y San Juan. Nardos y rosas rojas completaban un conjunto de gran solemnidad.

Uno de los momentos más esperados llegó con la salida del templo. La imagen atravesó la portada gótico-plateresca de Santa Clara, dejando una de las imágenes más bellas de la noche: el pequeño Crucificado abandonando el recogimiento del monasterio para encontrarse con las calles de Montilla.

Las hermanas clarisas acompañaron al Señor hasta la salida del recinto conventual y, horas después, volverían a esperarlo a su regreso, cerrando así el círculo de una tradición profundamente ligada a la comunidad religiosa.

La procesión avanzó acompañada por la Agrupación Musical La Unión con su música hecha oración, mientras los devotos se distribuían a lo largo del recorrido para contemplar de cerca una imagen que solo durante unos días abandona el recogimiento de su capilla, en el interiro del monasterio, para acercarse a los montillanos.

Entre los puntos especialmente esperados del itinerario fueron el paso ante la Casa de San Juan de Ávila, el recorrido permitió así que la devoción al Padre de Familias se fundiera una vez más con el patrimonio y la memoria de una ciudad marcada por su tradición conventual y por la figura del Doctor de la Iglesia.

Otro de los instantes más señalados se produjo en el Arco de Santa Clara. Allí, ante uno de los rincones más reconocibles del entorno del monasterio, el paso se detuvo, ofreciendo a los presentes una de las estampas más especiales de la noche.

Desde allí, Nuestro Padre de Familias emprendió el camino de regreso hacia el monasterio. La llegada volvió a tener como protagonistas a las clarisas, que recibieron nuevamente al Señor en el recinto conventual antes de su entrada en el templo.

Con la imagen de nuevo tras los muros de Santa Clara concluyó una noche en la que casi cuatro siglos de historia volvieron a hacerse presentes en las calles de Montilla. Una tradición que cada septiembre rompe temporalmente la clausura para poner rostro a una devoción profundamente arraigada y para recordar, a través de una pequeña imagen, buena parte de la historia religiosa y patrimonial de la ciudad.

La antigua y milagrosa imagen del Crucificado, vinculada por la tradición a las sesiones del Concilio de Trento, llegó a Montilla en 1633 de la mano de Fray Payo Afán de Ribera, quien la entregó al convento de Santa Clara para su hermana, sor Ana de la Cruz Ribera. Desde entonces, el Padre de Familias permanece estrechamente ligado a la historia y a la devoción de las clarisas.

Fotos: Jero B. y Blanca L.