
La conferencia sacó a la luz la singular técnica de la ‘corla’ y las huellas de la estructura original de un retablo que perdió su hornacina central.
El patrimonio histórico y artístico volvió a cobrar protagonismo con la conferencia impartida por Rafael Portero de la Torre, licenciado en Bellas Artes y conservador de bienes culturales, bajo el título «El Cristo de la Yedra en San Agustín: circunstancias de un retablo». La cita, organizada por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se enmarca en la programación conmemorativa de los cien años de la presencia de esta imagen en la Hermandad.
La charla permitió profundizar en la historia del retablo que actualmente alberga al Cristo de la Yedra, descubriendo detalles históricos, técnicos y artísticos que han pasado prácticamente desapercibidos durante décadas.
Portero conoce de primera mano esta obra, ya que asumió la responsabilidad de su restauración, finalizada en 2018. Ahora, casi diez años después de aquel proceso, el conservador ha dado a conocer el proceso que se llevó a cabo y la puesta en valor de una pieza patrimonial cuya historia va más allá de su apariencia actual.
Uno de los aspectos abordados durante la conferencia fue la trayectoria de la imagen del Cristo de la Yedra. Según explicó Portero, la talla procede de la antigua iglesia de los Jesuitas y pasó posteriormente, de manera efímera, por la parroquia de Santiago antes de llegar a San Agustín en el siglo XIX.
Sin embargo, la historia del retablo de la Iglesia de San Agustín es anterior a la presencia del Cristo y plantea todavía algunas incógnitas. El conservador señaló que no está claro si, desde la llegada de la imagen a San Agustín, esta ocupó siempre el emplazamiento actual.
Aunque el retablo queda visualmente eclipsado por otras obras de mayor monumentalidad que se conservan en el templo, como el retablo mayor o los de la capilla del Nazareno, Portero destacó que reúne particularidades de interés que merecen ser conocidas. La conferencia se centró precisamente en recuperar esos detalles que permiten comprender mejor su evolución y su valor patrimonial.


La singular técnica de la ‘corla’
Entre los elementos más destacados figura la técnica decorativa original del retablo. A primera vista, sus tallas doradas sobre fondo negro pueden llevar a pensar que siempre presentó ese aspecto. Sin embargo, Portero explicó que el fondo originalmente incorporaba una técnica conocida como corla o corlado, consistente en aplicar una veladura transparente sobre pan de plata.
Con el paso del tiempo, la plata se oxidó y se oscureció, lo que llevó a cubrir la superficie con pintura negra. Se trata de una técnica propia del siglo XVIII que no resulta habitual y de la que existen pocos ejemplos conocidos, entre ellos algunos localizados en Montilla.
La recuperación de ese acabado original presenta importantes dificultades. La eliminación de la pintura actual podría dañar las capas subyacentes y requeriría una intervención costosa. Por ello, Portero explicó que recuperar la apariencia primitiva no sería una operación sencilla y que las transformaciones experimentadas por la obra forman parte también de su historia.
Otro de los puntos centrales de la exposición fue la transformación de la estructura original del retablo. Según explicó Portero, la obra perdió su zona central, que contaba con una hornacina concebida como una pequeña capilla adelantada. Esta estructura desapareció cuando se colocó la imagen del Cristo de la Yedra.

Con esta conferencia, Rafael Portero puso de manifiesto que el valor de una obra patrimonial no depende únicamente de su monumentalidad o de su protagonismo dentro de un templo. También reside en los detalles técnicos, las transformaciones históricas y las huellas materiales que permiten reconstruir su pasado.
Con esta conferencia se abrieron las actividades del centenario, que continuaron el sábado con la salida extraordinaria de la imagen y continuará el jueves 29 con visitas de escolares a San Agustín, el viernes una mesa redonda sobre “El Cristo de la Yedra, un siglo tras la cruz nazarena”, para culminar con un solemne besapiés de la imagen los días 30 y 31 y una Función Solemne el 1 de noviembre a las 12:00 horas.
