
Con la música y los recuerdos como hilo conductor, Rafael Jiménez Jiménez convirtió su pregón en un viaje por varias décadas de historia de Montilla, un recorrido por las calles de su infancia, en el barrio del Gran Capitán, y por las bodegas, los colegios, los comercios, las tabernas, el deporte, los conciertos y, sobre todo, por las personas que hicieron posible que el barrio creciera y se convirtiera en uno de los espacios más vivos de la ciudad.
«Motivos». Así tituló Rafael Jiménez Jiménez su pregón, una palabra que fue tomando sentido a lo largo de toda su intervención. Cada persona, cada empresa, cada colegio, cada comercio y cada vivencia de su infancia se convirtió en una razón para reivindicar y celebrar la historia de las Casas Nuevas.
Gestor de profesión, fotógrafo y apasionado de la música, Jiménez hilvanó su intervención a partir de experiencias personales y episodios de la vida del barrio, mezclando sus propias vivencias con la historia colectiva.
El comienzo, inspirado en una canción de Joan Manuel Serrat, situó al público en unas Casas Nuevas engalanadas para la fiesta de la vendimia. Desde ahí, el pregonero fue recuperando distintos escenarios de su infancia y juventud.
Las bodegas y empresas ocuparon uno de los primeros capítulos. Rafael recordó el importante papel de firmas como Alvear, Navarro, Pérez Barquero, Montulia, Navisa, o Campos, no solo como motores económicos, sino también por su contribución a la construcción de viviendas y por el apoyo a los estudios, el deporte y la cultura.
La música fue otro de los grandes protagonistas. El pregonero recuperó los conciertos celebrados en Montilla y la presencia de grupos y artistas que dejaron su huella en la ciudad. Entre las anécdotas más personales recordó el concierto que en 1978 organizó junto a Manuel Bellido y Paco Castellano. La escasa asistencia hizo que cada promotor perdiera 13.000 pesetas, una cantidad que Rafael tuvo que devolver trabajando aquel verano como pintor.
Años después, aquella aventura juvenil tendría una inesperada continuación cuando El Gran Wyoming recordó el concierto en uno de sus libros.
Un barrio hecho para vivir, trabajar y crecer
Otro de los grandes ejes del pregón fue la evolución urbanística y social de las Casas Nuevas. Jiménez recordó las viviendas, las familias numerosas que llegaron al barrio y la ilusión de aquellas jóvenes parejas que pudieron pasar de vivir en habitaciones de casas de vecinos o familiares a disponer de su propio hogar.
Y con las viviendas llegó la infancia. Las calles se convirtieron en el gran escenario de juegos. Los partidos de fútbol, los juegos, las zanjas de las obras convertidas en escenarios de aventuras o una peculiar cabina de coche construida por un vecino sirvieron para evocar una época en la que, aunque no sobraban los medios, sí sobraba imaginación.
«No teníamos nada, pero nada le faltaba a nuestra imaginación para realizar los sueños», recordó.
También hubo espacio destacado para la educación. Rafael Jiménez recordó las escuelas de Don José Delgado, las microescuelas, y, posteriormente, el colegio Gran Capitán , cuya inauguración en 1972 supuso para él y para toda una generación un cambio decisivo.
El pregonero repasó a numerosos docentes que dejaron huella en su generación y destacó la importancia que tuvo la educación en la formación de varias generaciones de montillanos. También recordó el instituto Inca Garcilaso y a algunos de sus profesores.
El barrio como una pequeña ciudad
Los comercios, panaderías, bares y pequeñas tiendas completaron el retrato de un barrio que durante décadas funcionó casi como una pequeña ciudad, donde trabajo, vivienda, ocio y servicios convivían a pocos metros.
Entre los episodios más entrañables apareció la panadería de Bellido, abierta en 1962 por Manolo Bellido y Carmeli Mora y convertida en punto de encuentro de varias generaciones. Rafael recordó también aquellas madrugadas en las que quienes regresaban de las fiestas podían encontrar sus puertas abiertas y disfrutar del pan recién hecho.



Manuel Bellido presenta a su “compañero de viaje”
Manuel Bellido destacó durante la presentación la estrecha amistad que le une a Rafael Jiménez, recordando que ambos fueron «compañeros de viaje» desde muy jóvenes y compartieron aficiones, inquietudes y una misma manera de mirar el mundo.
Bellido puso en valor especialmente la faceta fotográfica de Rafa, al que definió como una persona rigurosa, cuidadosa y poco dada a la improvisación, capaz de captar en sus imágenes la emoción, la vida cotidiana del barrio y la esencia de los conciertos y artistas que han pasado por Montilla durante décadas. También recordó los comienzos de ambos, cuando Rafael le acompañaba en sus desplazamientos a Radio Atalaya y sus fotografías ilustraban sus primeros trabajos periodísticos.


Pero si hubo un motivo que estuvo por encima de todos los demás, fue el de las personas.
Rafael Jiménez quiso cerrar su intervención reivindicando a todos los vecinos que, con su trabajo, sus negocios, sus familias y su convivencia, hicieron posible la construcción y el mantenimiento de los valores del barrio.
Ese fue, en definitiva, el sentido de Motivos: reconocer todo aquello que forma parte de la historia de las Casas Nuevas y que merece ser celebrado.
Reconocimiento al vecino ejemplar
El acto continuó con el tradicional reconocimiento que la Asociación de Vecinos Gran Capitán dedica cada año a uno de sus asociados de mayor trayectoria. En esta ocasión, la distinción recayó en Miguel Alcaide Jiménez, en reconocimiento a los servicios prestados y a su labor de relieve social, así como a su vinculación con la asociación desde sus primeros años y a su permanente disposición para colaborar con la entidad.
A continuación, se hizo entrega de una placa de reconocimiento a los Vendimiadores de Honor de la Fiesta de la Vendimia, distinción que en esta edición ha recaído en Natalia Marín Cabanillas y José Antonio Marín García, en representación de la Asociación de Vecinos de la Barriada del Gran Capitán.

Durante el acto también se presentó la edición del pregón de la pasada Fiesta de la Vendimia, pronunciado por Paca Salido, como parte de la colección que reúne los pregones celebrados en el barrio a lo largo de los últimos años y que constituye ya una parte de su patrimonio y memoria colectiva.
El presidente de la Asociación de Vecinos Gran Capitán, Javier Nieto-Márquez, destacó la evolución del barrio y el papel de sus vecinos en el crecimiento de Montilla hacia la zona suroeste. Asimismo, reivindicó la asociación como «nexo de unión del barrio y su problemática con la institución municipal» y animó a las generaciones más jóvenes a tomar el relevo y mantener viva una entidad que, como señaló, «no se le echa la llave».

Por su parte, el alcalde destacó que este año se cumplen 70 años desde el inicio de la construcción del barrio, en torno a 1956, y puso en valor las siete décadas de vinculación entre Gran Capitán y la Fiesta de la Vendimia. Rafael Llamas felicitó a la asociación por mantener la tradición de los pregones y valoró especialmente la intervención de Rafael Jiménez, a quien atribuyó la capacidad de «detener el tiempo» a través de sus fotografías y de trasladar al pregón la dimensión física y emocional del barrio. También reconoció públicamente la labor de Javier Nieto-Márquez al frente de la asociación y su empeño por mantener viva la actividad vecinal.


