
La iglesia del Monasterio de Santa Clara se llenó de alegría con la ceremonia de profesión temporal de Sor Sabina de Santa Clara Mbithe, quien ha dado un nuevo paso en su vocación religiosa tras años de vida consagrada en la comunidad de clarisas de Montilla.
Natural de Kenia, Sor Sabina llegó al monasterio de Montilla hace cuatro años en lo que se ha estado formando en el carisma franciscano, guiada por la comunidad de clarisas. En este segundo paso de su proceso vocacional, ha recibido los votos temporales, sustituyendo el velo blanco por el negro y recibiendo de manos de la abadesa, Sor María Jesús Blanco, el crucifijo, la regla y la medalla de la orden.

La celebración estuvo marcada por un ambiente de alegría y fraternidad, en una liturgia que unió culturas a través de cantos y danzas compartidas con sus hermanas de origen keniano, en un gesto de comunión y universalidad de la vida religiosa.
La ceremonia se inició con una procesión desde el coro bajo del convento hasta la iglesia, en la que la religiosa fue acompañada por la comunidad, sacerdotes y padrinos. El acto estuvo presidido por Fray Severino Calderón y concelebrado por el capellán del convento, Antonio Palma, junto al misionero Consolata.

Entre los asistentes se encontraban sus padrinos, José Francisco Arce y Gloria Velasco, además de religiosas de la Federación de Clarisas, Franciscanas del Rebaño de María y concepcionistas del Convento de Santa Ana de Montilla, así como numerosos fieles que quisieron acompañarla en este momento significativo.



Durante su homilía, Fray Severino Calderón destacó el sentido comunitario de la vocación: “No estáis solas; venís de lejos, del corazón de África, y aquí habéis encontrado una fraternidad que se convierte en familia”. Asimismo, subrayó que la profesión temporal “es un camino de continuidad y crecimiento” y animó a vivir esta etapa “con alegría, confianza y humildad”. El franciscano añadió que la vida consagrada está llamada a ser testimonio: “Sois luz del mundo, llamadas a iluminar desde la fragilidad y desde la alegría de la vocación”.


Ante las imágenes de San Francisco de Asís, Santa Clara y la Inmaculada Concepción, Sor Sabina realizó la promesa de sus votos, en un acto acompañado por su comunidad, tras el cual recibió el velo negro, el crucifijo, el libro de reglas y la medalla de la orden.
Visiblemente emocionada, coronada de flores y con una sonrisa serena, Sor Sabina agradeció la presencia y el apoyo recibido en este paso decisivo de su vida religiosa.
La ceremonia concluyó con un baile de alabanza al que se sumaron religiosas y familiares, cerrando una celebración marcada por la emoción, la fraternidad y el encuentro entre culturas en el corazón de Montilla.

