
Cada 2 de febrero, Montilla celebra la festividad de la Virgen de la Candelaria, una tradición de siglos arraigada en el calendario local, en la que las roscas de pan vuelven a ocupar un lugar protagonista en los hogares montillanos. Elaboradas de forma artesanal y exclusivamente para esta fecha, estas roscas trascienden lo gastronómico para convertirse en símbolo de identidad, tradición y cultura.
Las panaderías de la localidad comienzan varios días antes los preparativos, conscientes del intenso trabajo manual que requiere cada pieza. Gonzalo Bellido, responsable de Horno y Aceites Bellido explica que la elaboración de las roscas comienza habitualmente tres días antes del 2 de febrero, ya que muchas personas desean adquirirlas con antelación. “Es una fecha muy señalada para nosotros. Las roscas se realizan íntegramente a mano, desde el amasado hasta el formado final. Cada tira de masa se trabaja cuidadosamente para dar lugar a los característicos dibujos tradicionales: las roscas pequeñas, con su lazo trenzado de siempre, y las grandes, con elaborados motivos geométricos».
Uno de los rasgos más singulares es «el picado artesanal que se realiza con tijera, detalle que aporta una textura y una estética únicas. Todo el proceso culmina con el horneado en horno de leña, fundamental para conseguir su sabor y consistencia tradicionales”.
Bellido destaca que la forma de hacer las roscas es una costumbre que se ha ido transmitiendo de generación en generación. “Nuestra panadería familiar, abierta desde 1938, hunde sus raíces aún más atrás en el tiempo, lo que convierte a este horno en testigo directo de una tradición inmemorial”.
El origen de la fiesta de la Candelaria se remonta a la conmemoración de los cuarenta días del nacimiento de Jesús. Antiguamente, era costumbre acudir al templo con ofrendas, entre ellas pichones y productos elaborados, un recuerdo que aún pervive simbólicamente en las grandes roscas, decoradas con pequeños pichones de masa.

En la actualidad, algunos centros educativos mantienen viva la costumbre mediante la bendición de las roscas que los escolares llevan al colegio, contribuyendo así a preservar unas señas de identidad que forman parte del patrimonio cultural local.


Esta tradición, genuinamente montillana, guarda similitudes con celebraciones de localidades cercanas, como Aguilar de la Frontera, donde el 3 de febrero se celebra San Blas con roscos de bizcocho.
